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sábado, 5 de abril de 2008

¡No llame al 066!


Crónica de un asalto no publicado

¿Para qué? ¿Tiene algún caso? Será Ud atendido amablemente por una señorita que no conoce la ciudad de Acapulco y que por lo tanto no le podrá enviar auxilio en caso de que lo necesite. ¿No me cree? Lea a continuación. Después de haber sido interrumpido un pacìfico recorrido por la Av. Costera Miguel Alemán por un drogado asaltante que cuchillo de cocina en mano y con la amenaza de sacar una pistola atracó a los pasajeros de un camión amarillo de la ruta Caleta-La Base poco antes de las nueve de la mañana del jueves 03 de abril pasado, varios pasajeros bajamos del camion para pedir apoyo policíaco. Fué en el parquecito que esta justo en el cruce de la Costera con el inicio de la Vía Rápida. Casi de inmediato vimos una patrulla de tránsito y le dijimos lo que pasaba y que hiciera algo. Después de dar un solo aullido con su sirena –sí, uno solo- dió la vuelta bruscamente y desapareció del escenario sin dar resultados.

- De seguro solo fueron por su “moche”- comentaron algunos pasajeros mal pensados. Yo los ignoré y seguí confiando en nuestra policía. Noté que un sujeto de camiseta y gorra azul sentado de manera sospechosa en una de las bancas del parque nos miraba y mandaba mensajes rápidamente con su celular. Me acerqué a él y se interrumpió, sin dejar mirar a uno y otro pasajero. Al retirarme volvió a su mensajeo espasmódico y muuuy sospechoso. “Este es el complice., me dije, y está dirigiendo al otro para que no se tope con nosotros”. Y en ese momento cometí mi primer acto inocente del día –el segundo en verdad, pues ya había entregado mi reloj- y marque al 066. Después de haber dado mi ubicación y de haber descrito al que me parecía el complice, me alejé de la escena para esperar a los cuicos. Diez minutos después…nada. Vuelvo a marcar –menos mal que no cuesta- y la señorita me asegura que están en camino. Aguardo…..diez minutos, ya van veinte….nada. Vuelvo a llamar y le digo que qué pasa, que por qué no llegan. Y me contesta para entretenerme:“ ¿y en donde me dijo que se encuentra?

Decido reintegrarme a mis actividades vista la total falta de voluntad de la policía por aprehender a un ratero a pesar de estárselos señalando con el dedo. Tomo un taxi, ya cuidándome por la experiendia reciente, y le pido que me lleve a una dirección. Ya a bordo comienzo a hervir de indignación y le digo al taxista que mejor me lleve directo al ayuntamiento. ¡El alcalde tiene que saber lo inútil que es su policia! De seguro no lo sabe, o….¿será parte del sistema? Decido premiarlo con el beneficio de la duda y me dirijo a la oficina del Síndico Ernesto Mastache para exponerle mi problema. Eran las 9:nn de la mañana. Todavía temblando de encabronado solicito una hoja de papel y una pluma y a mano libre redacto un escrito manifestándo de lo que había pasado y solicitándole que llamara la atención a su 066 que de nada sirve, al menos la parte que corresponde a la policía.

- Oiga, y por qué no le manda una copia al Secretario de Protección y Vialidad. Esto le corresponde a él – me señala solícito uno de los asistentes del Síndico. Yo aquí le saco la copia. Y a continuación me da una copia de esas manchaditas que sacan en el Ayuntamiento y con ella me dirijo a ver al Lic. Sevilla.

Una vez ahí, el que la recibe me recrimina en tono acre:
- Oiga señor… ¿y por qué no la trajo hecha a máquina? ¡Así se ve muy fea!
Después de voltear a ver la cara de bovina expresión de este burócrata de tercera, le recomiendo que lea el contenido de lo que le estoy entregando para que supiera de lo que se trataba. Me retiro del escritorio con una idea muy clara de que en estas oficinas prevalece la forma sobre el fondo, con una desconexión total de lo que se trata en los escritos ciudadanos.

¿El fin de la historia? No más por no dejarlo, llame al 066 a las 14:37 para conocer los resultados de las pesquisas de nuestros “detectives” de azul, quizá con su primaria terminada. La señorita me contesta muy amable que como no había nadie para recibir a los policías en el punto del asalto, pues ellos se fueron a continuar su….¿rondín?

- Señorita – le respondí lo mas amable que pude- estuve MEDIA HORA esperando que se aparecieran los elementos, y con el sospechoso a la vista para podérselos señalar y ellos nunca llegaron.

- Pues ahí llegaron y no vieron a nadie y por eso se fueron –me contesto ella ya alteradita, defendiendo su quincena inútilmente ganada.

Sí, claro, de seguro yo tuve la culpa. La próxima vez que me asalten tendré cuidado de pedirle al mañoso que me rellene un formulario y me de una copia de su credencial de elector y comprobante de domicilio para entregárselo a los cuicos cuando se les ocurra aparecerse.

A continuación me pone en contacto con un radio operador que me explica que ellos hacen lo que pueden, que tienen mucha chamba, que de aquí que les avisan del 066 a ellos pasa un buen rato, que tenían otra chamba que atender antes que la denuncia que yo hice ( que curioso, siempre me dicen lo mismo…¿seré un ciudadano de segunda, que siempre atienden después de que ya atendieron a “otros” que estaban antes?) Y este buen hombre, condoliéndose de mi indignación ciudadana, me apapacha diciéndome:
- En verdad jefe, yo entiendo su enojo. A mi no me gustaría que cuando yo anduviera de civil no me ayudara nadie si me pasa algo.
- Pues mi querido oficial –le dije aceptando el apapacho- si le llega a pasar que lo asalten en las calles de Acapulco, no llame al 066. De seguro no le van a ayudar.

Al día siguiente este asalto no fué publicado por ningún diario de Acapulco. Esto confirma que de por cada caso que se sabe quedan un montón sin darse a conocer. ¿Cinco, diez, veinte, cero sesenta y seis? Vaya Ud a saber. Pero bueno, me tengo que ir, ya son las….chin. Mi reloj ya debe estar en algún empeño financiando una nueva dosis de droga para mi asaltante, o en la muñeca de un cuico coludido. Provechito.

Asesoria legal: Colegio de Abogados

viernes, 30 de noviembre de 2007

Presupuesto de Carbono para Acapulco.


Es productivo y placentero platicar con los amigos acerca de las inquietudes ecológicas de moda, especialmente las que tienen que ver con lo del Calentamiento Global. De entre las muchas cosas oídas por aquí y por allá resulta interesante ir comprobando de primera mano cual es la percepción que se tiene del problema y hasta donde nos puede llegar a afectar. De alguna manera esto repuntó con la precampaña-gira informativa llevada a cabo por Al Gore junto con la presentación del documental Una Verdad Incómoda, que llevó el problema y las consecuencias que de él se desprenden a un primer plano en la atención mundial, pero al igual que cualquier otra noticia espectacular, aparentemente al desaparecer de las carteleras el interés por el tema se apagó siguiendo el famoso ciclo de las dos semanas. A los quince días la noticia se extingue.

Conectando hechos de la manera en que sólo un aficionado vicioso a este tipo de temas lo puede hacer, alrededor de las declaraciones en diferentes tonos sazonadas por el fantasma de lo terrible que se anuncia en Tabasco y Chiapas y en que de alguna manera el Cambio Climático tuvo algo que ver, recordé una cifra que se manejó mucho cuando ocurrió el lamentable accidente de la muerte de un niño por un camión urbano en nuestra ciudad: sucede que tenemos 1,200 camiones urbanos en servicio, unos 5,000 taxis y fácilmente arriba del centenar de millares de automotores particulares, entre los que incluiremos también motocicletas y otros similares. Todos estos vehículos son fieles y nunca satisfechos consumidores de combustible, que al ser quemado para impulsarnos por la modernidad generan gases -monóxido y bióxido de carbono, entre otros- que acrecientan el efecto de invernadero y que ahora provocan que nos inundemos, nos resequemos, nos sequemos y suframos tantas incomodidades y tragedias.

Como no ha habido hasta la fecha un argumento lo suficientemente contundente para lograr que nuestro Acapulco tenga un número razonable de camiones urbanos de acuerdo a la necesidad real de transporte- resultando en camiones que circulan por la misma ruta con dos monitos arriba y luchando para ganar el pasaje-, quizá algunos números y alguito de química logren sensibilizar los corazones cuatropeseros de nuestros concesionarios de transporte urbano, esos pobres servidores del público que lo único que hacen es ganar decentemente el pan dia con día. Me concentraré en su momento en los ya citados 1,200 camiones de transporte urbano.

Resulta que la bióloga Betty Astudillo me comentó que había un sitio en internet en donde podría yo hacer un presupuesto del carbono emitido por vehículos para ayudarme en mis serias cavilaciones. Yo le entendí que era algo así como www.calculatusemisiones.com y lo googleé diligentemente. No encontré precisamente ese, pero resulta que hay un montón de sitios que proporcionan este útil (¿) servicio para que el ciudadano consciente pueda calcular con cuánto carbono contribuye para el Cambio Climático, proporcionando información personal tan común como el tipo de transporte que usa regularmente, el monto del recibo de energía eléctrica, el de gas, viajes por avión y otros por el estilo. El programa adiciona las emisiones “por cultura”, pues se pide el país de residencia para estimar hábitos de consumo alimenticio y de energía, con los cuales se hace un cálculo de respiración, descomposición de basura, flatulencias (también contribuyen) y otros, y al final te dicen ¡tanto! de carbono. Probé varios de los “calculadores de carbono” que hay en La Red, algunos de España y otros de Estados Unidos y al ir proporcionando la información no puede uno menos que sonreir al advertir las diferencias. Se habla de biodiesel, de consumos de diferentes energéticos en base anual, hábitos de ahorro energético y otros que ponen en evidencia lo poco orientados que estamos hacia la planeación a mediano y largo plazo y nuestra incomprensible afición por las tecnologías obsoletas.

La calculadora CeroCO2 estimó que cada camión urbano arroja algo así como 8.76 toneladas de carbono por año a la transparente atmósfera acapulqueña, estimando un recorrido de 100 km diarios por zona urbana durante 300 días al año. Esto es, claro, considerando las emisiones de los camiones de por allá, que me imagino deben ser menos contaminantes. El blog Turismo-sustentable me dió como resultado alrededor de 35 toneladas, mientras que Nofootprint me dió 5.44 toneladas y Carbonfootprint me asignó sólo 5.01 toneladas. Tomando convenencieramente la cifra más baja, 5 toneladas, multiplicada por 1200 camiones nos muestra que nuestro sistema de transporte urbano nos sofoca con 6000 toneladas de carbono por año. Un buen.

El mismo blog de Turismo-Sustentable nos anima diciendo que pueden sembrar un árbol por nosotros para compensar nuestra gaseosa agresividad, pagando alrededor de 10 euros por el servicio, y que cada árbol –un árbol “standard” me imagino- procesa unos 45 kg de carbono por año. Siguiendo el mismo razonamiento y completando nuestras “cuentas”, el transporte urbano –o nosotros- deberíamos tener sembrados alrededor de 133,334 árboles sólo para compensar las aportaciones de carbono de nuestros camiones de todos los días.

Considerando que de transporte urbano estamos mas que sobrados y reduciendo –por decir algo- a la mitad nuestro transporte con camiones urbanos, estaríamos ahorrando 3,000 toneladas de carbono anuales que se dispersan inútilmente en nuestra atmósfera, pues, como antes se mencionó, muchas unidades viajan vacías o subutilizadas. Tendríamos entonces un capital para intercambiar por Bonos de Carbono, instrumento financiero por el cual, países industrializados que no pueden disminuir más sus emisiones, le “compran” a otro sus derechos de emisión por…¡dinero!

Así hacen en Costa Rica y los ticos reciben dinero en efectivo por conservar sus bosques como unidades recicladoras de carbono, además de que son aprovechados de manera no extractiva para actividades ecoturísticas. El negocio perfecto.
Ahí están los hechos, formulados quizá de manera muy chapucera pero no por eso menos reales. Podemos sembrar un montón de árboles y descansar –a medias- con respecto a nuestras emisiones o disminuir el numero de unidades de transporte urbano y capitalizar este ahorro en beneficio de nuestra ciudad.

El viejo lema de “Sembar un árbol, escribir un libro y tener un hijo” para poder abandonar dignamente el planeta se ha modificado en la parte del árbol. Un usuario y/o concesionario de cualquier tipo de transporte debiera sembrar al menos 20 árboles para compensar medianamente sus emisiones, lo cual sería bueno. Continuar a escribir 20 libros también podría ser bueno, aunque completar los 20 hijos no lo sería tanto.

sábado, 14 de julio de 2007

La Liga de los Superhéroes VS Acapulco

El sol asomaba lentamente por el campo de batalla. Este era largo, asfaltado y tenía un camellón con palmeras en el medio. Inicialmente fue construído como un paseo, una avenida costera por la cual los visitantes de Acapulco pudieran movilizarse de una maravilla a otra que en conjunto constituyen el fascinante panorama tropical que es el atractivo primero y principal del puerto. La vida moderna y su velocidad lo ha transformado en un moderno coliseo. Y poderosos contrincantes luchan a diario en él.

Un pavoroso y sonriente diablo enzarzado en una danza erótica con una voluptuosa y mínimamente vestida belleza circulaba a velocidad moderada por Caleta. Se detenía a momentos como para recibir los saludos de la multitud que estaba en las esquinas y él con movimientos lentos devolvía el saludo. Algunos de ellos pagaban 4.50 pesos e ingresaban en su oferta, subrayada con una música rítmica y estridente.

Súbitamente aparece el Hombre Araña y hacienda gala de su fuerza y agilidad hace a un lado al diablo y lo arrincona contra una parada, logrando que la gente que estaba adelante se subiera con él. Traía mejor música y el chalán traía los pelos más erizados y desteñidos que los del chalán de atrás.

Este descuido y segundos que tardaron en recoger el pasaje fueron aprovechados por Nemo y Stitch, que venían peleando terreno furiosamente desde hacía 4 paradas, en una carrera que se desarrollaba entre un río de autos con gente somnolienta que de manera brusca fue despertada por esta justa entre gigantes. Pasaron silbando, rugiendo y sonando su claxon entre todos los obstáculos representados por taxis amarillos, esos pequeños bólidos sin ley atiborrados de gente que no tiene otra opción de transporte.

Pero Nemo y su contrincante fueron parados bruscamente por un formidable peleador: Winnie Puh. Este malévolo oso amarillo, en compañía de su aparentemente estúpido amigo Igor y del pernicioso Piggy se atravesaron de manera mañosa interrumpiendo descaradamente el tráfico y levantando una ola de protestas en todos los tonos de claxon que rasgaron con impotencia el fresco aire de la mañana. De esta manera este oso maldito se desquitaba de la afrenta que Drácula le había hecho ayer al ganarle el pasaje enfrente del MacDonald’s de la Gran Plaza y pasar todavía a refrescarle a su jefecita enfrente de todos. Pero ¡ah! su deseo de venganza lo había cegado, pues para su desgracia justo delante de él estaba…¡Drácula!

Con sus ojos rojos y aún sosteniendo una víctima sangrante entre sus brazos, salió lentamente de su escondite y haciendo rugir su motor diesel se lanza rompiendo el cerco de Winnie Puh y se abalanza sobre nuevas víctimas que esperan con su pasaje en la mano. El oso no puede creer lo que ven sus ojos e Igor rebuzna de rabia pero estaba hecho. Sus enemigos iban a la delantera.
De repente el vuelo de Drácula es detenido en seco por la autoridad. El representante de la ley se acerca poco a poco mientras el muy jovenzuelo chofer “espejea” buscando con ojos más rojos que los de Drácula a su competencia, pero ya es tarde. Una estampida de acero lo ha rebasado en esos preciosos segundos y el se resigna a dialogar con su captor. Después de unos minutos de negociación el oficial se retira con una sonrisa pensando en que lugar escogería para desayunar.

Constantine sale de una lateral y se integra a la lucha. Haciendo gala de su fama reciente levanta más pasaje, pues es más popular. Pero esto no iba a ser permitido por mucho tiempo. Además, se hacía tarde, y la gente ya no esperaba tanto a su superhéroe-villano-antihéroe-granuja preferido. Lo que querían era llegar. Eso acortaba las ventajas y recrudecía la pelea.

Había un competidor fantasma, uno que solo iba de azul. Sin identificación, solo su número de circulación. Era mal visto por los demás, pero a él no le importaba. Su atractivo era mas sutil. Su música, engolosinadora. Le cantaba al amigo traidor, al abandono, a la pobreza, a la mala suerte, a la mala mujer o mal hombre, a la muerte en balaceras, al culto infecto del narcotraficante. La gente hipnotizada por estas letras se programa a nivel subconciente para llegar a su trabajo y casa sintiéndose derrotada, triste, traicionada, muerta. Esta es una droga que la gente busca y el chofer lo sabía. Día a día hacia su entrega y la gente le pagaba 4.50 pesos por ella.

Los camiones urbanos llegan a la última estación y entregan el final de su temblorosa carga humana que una vez más se congratula por su suerte de llegar a salvo a su trabajo. Dan una vuelta brusca recibiendo un alud de mentadas de madre y se alinean en la parada para comenzar a recibir pasaje. Otra carrera está por comenzar.