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domingo, 3 de junio de 2007

Los manglares son de agua puerca.


¿Y para que sirven? Para que tanto pleito porque se corten las pinchurrientos mangles de las lagunas guerrerenses. A primera vista podríamos pensar que es un lugar lleno de plantas que a nadie le importan, con agua apestosa con colores que van de verde –identificada culturalmente como agua puerca- a café obscuro –agua aún mas puerca- Moscos, arañas, pájaros feos y hasta cocodrilos –identificados culturalmente como “enemigos”- pululan en esos lugares en los que nosotros no se nos ocurre ni visitar. Tanto así que preferimos mejor rellenarlos y “desinfectarlos” con flit y construír encima de ellos.

Los sistemas lagunares costeros, que incluyen de manera importante a los manglares como elemento primordial, son fuente de alimento e incluso de producción de oxígeno de una manera que no lo podemos siquiera imaginar. La producción de materia orgánica vía biomasa –si, las hojitas que siempre está tirando- es una de las más altas en el mundo vegetal, superado sólamente por el fitoplancton.
En la ecuación de alta producción de biomasa se consumen grandes cantidades de bióxido de carbono –uno de los gases que refuerzan el efecto de invernadero- y tiene como producto oxígeno también en grandes cantidades.
Aquí hay que señalar tambien que estas lagunas son exportadoras de este gas vital, pues aunque pudiera uno pensar que lugares como las selvas amazónicas o la de Chiapas producen grandes cantidades de oxígeno, el consumo que tienen es igual de elevado, por lo que su contribución a la regeneración del gas de la vida a nivel planetario es mas bien modesta.

Puede parecer raro, pero considerando el volúmen de agua que tiene el mar es casi un desierto. Esta imagen que choca abiertamente contra la creencia popular de que el mar esta repleto de vida y comida en verdad tiene sus asegunes. Todos esos peces tan grandes, los cardúmenes que pintan de plateado la superficie del mar y que bendicen los supermercados con latitas que ya no tienen mucho aspecto de pescado y todos esos camaronzotes que vemos en los cocteles y platillos gourmet de los restaurntes acapulqueños están en muchos casos alimentados por los humildes estuarios que ahora talamos y rellenamos para poner hoteles, centros comerciales y viviendas de tipo social.

Cuando estos sistemas acuáticos se abren al mar, asunto que ocurre generalmente en época de lluvias o cuando los ríos que los alimentan rebasan el nivel de retención del vaso, se abre una brecha en la barrera de arena que separa el mar de la laguna. Esta es la tan afamada, peleada y promotora de conflictos apertura de barra. Y este evento señala el inicio de ciclo –si es que a un ciclo se le puede señalar un inicio- del festín alimenticio de los mares.

Este chorro de agua obscura –el agua puerca pues- fluye hacia el mar que lo espera con ansia para poder comenzar a producir. Este caldo gordo trae nutrientes que son instantáneamente aprovechados por las poblaciones fitoplanctónicas existentes en el mar y a las que ya se les había acabado “el abono”. Las pequeñas partículas de hojas en cualquier cantidad de estadíos de descomposición son también capturadas por un ejército de pequeñas bocas armadas de dientecillos y espinas que son portadas por representantes de prácticamente todos los grupos zoológicos existentes en el planeta y cuyos estadíos larvarios se alimentan casi exclusivamente de lo que sale en el evento de apertura.
Tiempo después –como en las películas- estos pequeños bichitos de material transparente que sobrevivieron y engordaron con este regalo venido de tierra firme vienen a engrosar las filas de las poblaciones pesqueras que alimentan directa o indirectamente a los pobladores de los márgenes continentales de donde vino la bendición. En un arranque de antropocentrismo podríamos declarar que el ciclo se cierra. En realidad la bomba de nutrientes que constituyen los sistemas lagunares costeros se empieza a recargar de materia orgánica para ser exportada al mar en la próxima apertura de barra.
Se ha demostrado hasta el cansancio que el volúmen de agua derramando en las aperturas de barra está directamente relacionado con el volúmen de producción pesquera del año posterior. Así ha sido desde hace miles de años. O al menos así había sido.

Los proyectos de construcción destruyendo humedales y manglares son nefastos. Se ha participado muy conscientemente en el error de hacer “intercambios” en donde se le permite a una constructora rellenar un área inundada e infestada de insectos –fuchi- a cambio de que en otro punto siembre plantitas ornamentales para el proyecto inmobiliario. Con esto “le devuelven” en especie a la naturaleza lo que le afectaron promoviendo el “desarrollo” de nuestra ciudad.
Desde el punto de vista estrictamente ecológico el resultado no es el mismo. Lo que se siembra generalmente son plantas de ornato, muchas veces exóticas, que no tienen una produccion elevada de biomasa ni tienen remotamente la posibilidad de exportarla hacia el mar.
Veámoslo de manera unitaria: por cada metro cuadrado de humedal-laguna costera en producción y exportando al mar que es sacrificado para el desarrollo de la ciudad se eliminan varios kilos de producción pesquera futura.
Si consideramos estas lagunas como sistemas intermitentes que se cargan de materia orgánica y se descargan para reiniciar el ciclo, al momento de que se rellenan sectores, se interrumpen comunicaciones establecidas desde hace miles de años o se talan y substituyen las especies –veámoslas como piezas de una maquinaria- que son las que funcionan en ese ambiente, automáticmente se destruye la operatividad del sistema que tiene como resultado la producción de alimento en el mar.

Nuestra conciencia urbana nos lleva a pensar que si no encontramos pescado en un lugar lo encontramos en otro. Si no hay en la playa de Las Hamacas nos vamos al mercado. Y si no, a la Comer, o a Wal Mart o a Costco. Siempre encontraremos pescado. A lo mejor no entero, que era la antigua usanza acapulqueña; quizá no tan fragante como era cuando se cocinaba pescado fresco. Quizá no con la forma y con las espinas que eran características de este producto, el cual de tanto venir embolsado y en filetitos redondos hace creer a los niños de esta época que así es como está en el mar, niños que se ponen a llorar desconsolados cuando ven que pescan cruelmente un animal bonito para convertirlo en platillo.

Nuesta conciencia ecológica nos debiera señalar que cada día que vivimos en nuestra casa construída en un humedal o compramos en un centro comercial construído sobre una laguna o transitamos en una avenida inundanda en época de lluvias porque se opuso al paso natural del agua, son varias toneladas de alimento que se dejaron de exportar al mar. Y que la respuesta de la naturaleza es dejar de producir las correspondientes toneladas de pescado, camarón y otros mariscos.

Somos parte de la maquinaria, querramos o no. Si así es, seamos entonces parte de la maquinaria para que la maquinaria funcione. No solo rellenemos, construyamos y plantemos el porcentaje que nos indican los manuales de ingeniería y arquitectura para no sentirnos encerrados en un bloque de concreto. No solo compremos pescado en bolsita pensando que nunca se va a acabar.


Y otras historias...http://www.acapulcoamigo.com

Propiedades sin afectar mangle en Acapulco: http://www.guiainmobiliaria.com.mx

El cangrejo de COSTCO


El arranque de este artículo se lo debo a mi buen amigo Carlos Hernández Albarrán, al que me encontré al inicio de la marcha de periodistas en Acapulco por la muerte de Amado Ramírez, de cuyo asesinato se temía en ese entonces se fuera a dar una versión sacada de la manga y con chivos expiatorios. Al día de hoy los temores parecen confirmarse.

La historia se desarrolla en el pasillo de una moderna tienda y participan en ella un niño de la ciudad de México, su papá y mi amigo.

-¡Mira papá, un cangrejo!- dice el niño señalando un cangrejo rojo justo en el centro de la tienda Costco del Acapulco Diamante.
El papá se acerca a observar al crustáceo asustado por tantas luces, pisadas a su lado y estantería que vende marcas coloridas y comodina modernidad.
-¡Es cierto, es un cangrejo! ¡Qué chistoso que esté aquí, en medio de Costco!
-No se sorprenda, señor- intervino mi amigo Carlos. Antes aquí había muchísimos cangrejos. Este era su hogar antes de que se construyera todo esto.

Y a continuación se puso a rememorar la manera en que en esos humedales y manglares antes vivían millones de cangrejos que en época de reproducción cruzaban por la carretera hoy remodelada y llamada Boulevard de las Naciones y tambien por la carretera a Barra Vieja para ir a cumplir con sus ritos reproductivos cerca del mar. Estas vialidades se coloreaban de rojo y era imposible cruzar en carro y no aplastar varios miles en el trayecto.

Hoy ese proceso se ha interrumpido y a cambio tenemos un negocio de hamburguesas, una terminal de autobuses, la ya citada tienda, sucursales de venta de pizzas, tacos, bancos y demás. No gran cosa, comentarán algunos. Prefieren comer una pizza o un helado de yogurth a ver como unos cangrejos cruzan la carretera. Así ha estado pasando desde hace mucho tiempo. Así es como ahora pasan las cosas.

Varias personas me han hecho comentarios acerca del artículo aparecido la semana anterior en este mismo espacio. Sus comentarios fueron de incredulidad, de preocupación, de espanto. Y yo les aseguré que no hice otra cosa que pasar a un escrito lo que alguien mas me ha contado, lo que alguien mas vive en estos momentos y que tiene mucho que ver con nuestro futuro inmediato. La misma Jacqueline, hija de ingleses crecida en Kenya, pasó varios días de su estancia en el Hotel Bocachica, admirando extasiada el paisaje de la isla de La Roqueta y preocupada con las apariciones ocasionales de los vendedores de conchas que llegaban en las tradicionales tablas de remar acapulqueñas.

Me dijo que en Africa los pobladores han arrasado con barreta y dinamita barreras de coral completas y caracoles para vendérselos a los turistas. Y las consecuencias en el medio marino han sido catastróficas. Varias pesquerías de las que dependían millares de personas simplemente se agotaron o migraron y a continuación la gente se tuvo que movilizar pues el sustento se había terminado. Este evento y otros similares multiplicado por decenas de veces ha llevado a fincar la situación desesperada que ahora vive Africa de falta de alimento para cumplir con su gente.

Guardo recortes de periódicos que poco a poco se convierten en historia de la ciudad y finalmente –en este mundo globalizado- la historia del planeta, y las tendencias son claras. Es la carrera de los lemmings hacia el precipicio pero sin sus inescrutables propósitos de control poblacional.
Veo una marejada violenta –que se aparece año con año- que pensándolo bien tiende a aumentar debido a que las tormentas que las generan incrementan su intensidad año con año, producto del calentamiento global. El asunto de la Contracorriente Ecuatorial –que siempre está ahí para equilibrar el flujo de la Corriente Ecuatorial en la ecuación de continuidad del Oceano Pacífico- ahora es acusada de ser la causante de estas olas que inundan la Costera Miguel Alemán. Al rato quizá también la acusen de ser la que mató a Amado Ramírez o la que amenazó de muerte a Misael Habana.
Los nombres raros y palabras domingueras ayudan a calmar la inquietud popular, pues es mas tranquilizador pensar que algo nuevo o raro nos afecta a llegar a la conclusión que son hábitos equivocados los que nos acarrear estas consecuencias. Preferimos pensar en amenazas “del espacio exterior”.

Carlos, Jacqueline y otros muchos dan cuenta fidedigna de lo que está pasando en nuestro mundo. En parte es añoranza. En parte es la impresión de que las cosas antes funcionaban mejor. Su intuición les susurra al oído que antes el mundo natural estaba en equilibrio y que ahora no lo está. De alguna manera todos sabemos que ese mundo, ese juguete que recibimos y al que en nuestra ingenuidad le hemos quitado varias piezas importantes, de alguna manera nos hace saber que también tenemos una parte de responsabilidad. Y que además lo estamos compartiendo con infinidad de especies animales y vegetales que pueblan el planeta, todas tan importantes o más que la propia especie humana.

Esto es lo que el cangrejo del Costco nos vino a recordar. No es un cangrejo que está en medio de la tienda. Es un cangrejo que vino a levantar su tenaza para recordarnos que antes de que una tienda departamental estuviera ahí su estirpe había dado a luz a más de 10 mil generaciones.

Historias similares : http://madreceiba.blogspot.com